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May 10, 2016

Así comenzamos!...

written by Museo Intiñan

Las historias vividas se anidan en nuestras mentes, quedando empolvadas como diván de casa deshabitada. El Museo de Sitio Intiñan, guarda historias desde sus inicios, cuando la pasión, el amor y la fe en Dios, eran el gran motor que reemplazaba a la falta de recursos.

Carolina, intenta quitar el polvo a esos recuerdos, para contar que era apenas una adolescente, la primera vez que puso sus pies en este lugar: “La gente venía a la Mitad del Mundo, y les llamaba la atención las chozas (originales que datan de 1875), tomando un caminito posterior y llegando hasta EL CAMINO DEL SOL, nosotros explicábamos otras cosas, distinto a lo que hacemos hoy en día”.

Todos los miembros de la familia tenían alguna tarea en específico, guiar, cobrar la entrada, relaciones públicas.

Los atractivos en ese entonces, eran el reloj del sol, el nomón, unas maquetas de los hitos que componen “El camino del sol” (recorrido realizado y plasmado en un libro por el Prof. Humberto Vera, padre de Fabián Vera, dueño y director del museo), desde la Loma Punda Achil del volcán Cayambe, hasta los cerros de la Parca, en donde muere el sol, por supuesto la chichería y la choza familiar. Pero en ese tiempo existían en este lugar 2 personajes muy particulares, Panchito y Lolita eran dos galápagos que habitaban en el lugar y convivían de la mejor forma con la familia y los turistas.

Después de 3 años de funcionamiento, una nueva administración en la ciudad Mitad del Mundo, trajo un invitado no deseado, un gran muro que ponía una línea divisoria infranqueable, y que mermó en gran cantidad la afluencia de público.

“Hicieron el muro, pero dejaron unos huecos en forma de ventana, y yo con mi hermana, nos íbamos al lugar con unos troncos, y de esa manera ayudábamos a los turistas a pasar por esos pequeños espacios. Muchos de ellos se acercaban atraídos por la curiosidad de ver las chozas, que se observaban claramente desde el mirador del monumento”.

Es Ma. Eugenia la matriarca de esta familia, la que comenta un hecho que vino a cambiar ese mal momento.

“Un día, apareció un señor extranjero, había visto las chozas desde la parte alta del monumento, y haciendo un rodeo completo del muro, llegó hasta el camino de entrada al museo, yo estaba haciendo los miles de quehaceres diarios. Entró al museo, conversó con nosotros, hizo el recorrido, hizo preguntas, y finalmente me dijo, esto es demasiado lindo para estar escondido, yo te voy a ayudar, te voy a mandar turistas. Y así fue, como él desde Europa, Holanda específicamente, comenzó a recomendarnos, a hablar con sus colegas, y el museo fue creciendo en público, en infraestructura, en compromiso con el turismo”…

Continuará…

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